La casa
Historia, arquitectura y carácter en el norte de Tenerife
Un poco de historia
Casa La Aldaba es una vivienda tradicional canaria del siglo XVIII, situada en Realejo Alto, en uno de los entornos históricos de Los Realejos. Su arquitectura conserva el carácter de las antiguas casas de la zona: muros gruesos, madera, patios y espacios concebidos para adaptarse al clima y a la forma de vida de generaciones pasadas.
La casa ha llegado hasta nuestros días manteniendo buena parte de su identidad original, aunque adaptada para ofrecer las comodidades actuales. Sus estancias amplias, el jardín y los distintos rincones de la vivienda permiten imaginar una época en la que la casa no era solo un lugar para vivir, sino también el centro de la vida familiar y cotidiana.
Hoy, Casa La Aldaba abre sus puertas como alojamiento rural, con la intención de compartir una parte de la historia, la arquitectura y la tranquilidad del norte de Tenerife. Más que una casa de vacaciones, quiere ser un lugar donde detenerse, convivir y disfrutar del paisaje y del patrimonio de Los Realejos.


Arquitectura y distribución
La casa conserva numerosos rasgos propios de la arquitectura doméstica canaria tradicional. Su planta en forma de U organiza las estancias alrededor de un espacio central y genera una sucesión de corredores, galerías y zonas de paso que conectan las distintas partes de la vivienda. El balcón de madera, los suelos entablados, los techos y carpinterías tradicionales aportan calidez y reflejan el protagonismo que tuvo la madera en las construcciones históricas de las islas. La escalinata principal, concebida como un elemento tanto funcional como representativo, refuerza el carácter señorial de la vivienda.
Entre sus elementos más singulares destaca la antigua destiladera o fresquera exterior, vinculada a las formas tradicionales de conservar y refrescar el agua antes de la llegada de los sistemas modernos. Junto con los muros gruesos, los patios, los pasillos resguardados y la disposición de las habitaciones, este elemento recuerda cómo la arquitectura se adaptaba al clima, a los materiales disponibles y a la vida cotidiana de cada época. Todos estos detalles hacen que recorrer Casa La Aldaba sea también una manera de acercarse a la historia constructiva y doméstica de Canarias.
Quiénes somos
Somos Ruth y Anselmo. Ambos nos formamos en astrofísica, y quizá por eso nos gusta observar con calma las cosas que merecen tiempo — como esta casa. Casa La Aldaba llegó a nosotros por herencia familiar, y pronto nos dimos cuenta de que era demasiado grande para nuestra pequeña familia. Sus estancias, su patio y su historia pedían ser vividos, no guardados. Por eso decidimos abrirla, para que otras personas también puedan disfrutar de una casa tan bonita y con tanta historia. Quien se aloja aquí convive con recuerdos reales: el mobiliario de la antigua farmacia que regentaron mi madre y mi abuelo, y cuadros de artistas locales que decoran las mismas paredes que han visto pasar generaciones de esta familia. Más que anfitriones, nos gusta pensar que somos los guardianes de una historia que hoy también compartimos contigo.
Un entorno tranquilo
El jardín, la piscina y la zona de barbacoa forman parte de la vida al aire libre de la casa, ideal para quienes buscan privacidad y tranquilidad sin renunciar a la comodidad. Dispone de aparcamiento y wifi en toda la vivienda.

Pensada para familias y grupos
Con capacidad para 12 personas, Casa La Aldaba es una opción distinta a un apartamento turístico convencional: un espacio propio, con historia, en un entorno tranquilo del norte de Tenerife. No se permiten fiestas ni eventos, y no se puede fumar en el interior.
